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viernes, 9 de enero de 2015

EL CAMBIO CLIMATICO EN LAS RELIGIONES DEL MUNDO.






“Cada religión lleva dentro de sí la semilla de la responsabilidad ecológica”

Cristianos,musulmanes,hindúes,budistas y judíos: aunque tengan creencias diferentes, todos ellos viven en el mismo planeta y se ven afectados por igual por el cambio climático. Global Ideas muestra qué postura adopta cada una de estas religiones frente a la protección del medio ambiente y qué papel desempeña la naturaleza en sus creencias. El cambio climático es considerado como algo importante por todas ellas, pero no todas lo consideran una amenaza. No obstante, a menudo existe un vínculo muy estrecho con la naturaleza en la principal religión del mundo.
El debate medioambiental adopta rasgos místicos. ¿Quizás porque el 80% de la humanidad es creyente? Los predicadores quieren convertir a sus fieles en amigos del clima. Todas las religiones tratan la relación entre el hombre y la naturaleza. Moisés ya lo sabía. Tal como reza en la Biblia, el hombre debe cuidar de la Madre Naturaleza: "y Dios tomó al hombre y lo puso en el Jardín del Edén, para que lo labrara y lo guardase". Es decir, trabajar en el jardín y cuidarlo en lugar de talar y contaminar. Pero no sólo el Cristianismo tematiza la relación entre el ser humano y la naturaleza. Todas las religiones del mundo lo hacen. Religiones que juegan un papel esencial para la mayor parte de la humanidad, dado que más del 80% de los seres humanos son religiosos en el sentido más amplio del término. Los líderes espirituales enseñan el camino a seguir: también en materia medioambiental.
"Que nosotros también sufrimos cuando el planeta sufre es un hecho que todavía no ha arraigado en la conciencia del ser humano", escribe el activista medioambiental Fazlum Khaled, fundador de la organización ecologista Islamic Foundation for Ecology and Environmental Sciences (Ifees, Fundación Islámica de Ecología y Ciencias Ambientales). Ifees apoya la construcción de mezquitas "verdes", que consumen únicamente energías regenerativas. Verde es, al fin y al cabo, el color favorito del profeta del Islam.
Los líderes espirituales poseen una gran autoridad
Que los gustos en materia de colores del profeta Mohamed se conviertan de repente en el centro de interés depende también de los líderes espirituales. Son ellos quienes interpretan las sagradas escrituras y deciden qué pasajes destacar de forma especial. "Influyen en la visión que las personas tienen del mundo y, con ello, en sus actos", escriben los etnólogos estadounidenses James Peoples y Garrick Baley en su trabajo "Humanity" ("Humanidad").
Los líderes espirituales poseen una gran autoridad en muchas regiones del mundo. Ofrecen orientación a sus respectivas sociedades, reglamentan la convivencia, disponen qué rituales hay que llevar a cabo en el matrimonio, la muerte o las disputas y explican lo misterioso y místico. Con ello determinan, en un cierto grado, los actos de sus feligreses. Los líderes religiosos pretenden aprovechar dicha circunstancia para transformar a sus seguidores de "pecadores" del clima a amigos del medio ambiente.
Predicar la protección del medio ambiente. Representantes de 30 religiones y grupos interconfesionales se reunieron en 2009 en el palacio británico de Windsor con motivo de la Conferencia Climática de ámbito religioso "Many Heavens, One Earth" ("Muchos Cielos, una única Tierra"). Da igual si hinduistas, cristianos, musulmanes o seguidores del Sijismo: el cambio climático los amenaza a todos. Pero no quieren predicar solamente desde el púlpito, sino proteger el medio ambiente con proyectos concretos. Por ejemplo, los budistas chinos y los taoístas quieren limitar el número de varillas de incienso a tres por persona y, con ello, reducir la contaminación del aire. Por su parte, la Iglesia Anglicana y el Sijismo pretenden instalar más paneles solares en los tejados de sus templos.
Por lo visto, los líderes espirituales africanos quieren, en primer lugar, educar a sus feligreses: en 2010 acordaron en una declaración tratar regularmente la cuestión del cambio climático en sus sermones. Destacando aquellos versículos relevantes de las Sagradas Escrituras que hablen del papel del hombre y la naturaleza. El objetivo, despertar el interés de sus feligreses por una forma de vida respetuosa con el medio ambiente.
Un árbol por boda
En Uganda, el encargado de predicar es el líder religioso de los musulmanes en el país, Mufti Mubajje. Cada semana sermonea a sus fieles sobre cómo pueden proteger el medio ambiente: no talar árboles, consumir menos carbón, plantar un árbol. Y es que en este país del Este de África, muchos de sus habitantes contribuyen a la deforestación talando árboles para utilizarlos como material para la construcción o simple combustible. Zonas selváticas enteras ya han sido destruidas.
Un obispo de la Iglesia Anglicana de la región de Bunyoro, al Oeste del país, contribuye especialmente a la reforestación. Sólo casa a las parejas o bautiza a los bebés si sus feligreses han plantado un árbol con anterioridad. En todos los casos, se trata de proyectos que cuentan con el apoyo de organización internacionales, como el instituto cultural británico British Council.
Plantar árboles: un objetivo "sagrado".
Laurel Kearns es profesora asociada de la Escuela Teológica de la Universidad Drew en Madison, Nueva York. Estudia a grupos religiosos que arguyen que Dios se regocija cuando el hombre descubre nuevos campos de petróleo.

Deutsche Welle: ¿Por qué es tan difícil para la gente - religiosa o no – emprender acciones contra el calentamiento global?

Laurel Kearns: Los seres humanos no estamos acostumbrados a pensar en sentido ecológico. Sencillamente, no estamos acostumbrados a ver en nuestras acciones un impacto global. Solamente percibimos aquello que nos rodea a nivel local.

¿Acaso la religión no nos enseña a pensar más allá de las restricciones en el tiempo y el espacio?

¡Exactamente! Por eso mismo me dediqué a estudiar la conexión entre la religión y el cambio climático. La religión nos desafía a pensar en grande, globalmente y más allá de nuestra escala local. Yo vine a darme cuenta de esto en la década de los ochenta cuando encontré a muchos grupos ecológicos inspirados por sus creencias religiosas y escribí mi disertación sobre ellos.

¿Sus valores religiosos provienen de un grupo así?

No, al contrario. Cuando adolescente, yo pertenecía a una iglesia evangélica muy fundamentalista. Deseaba estudiar ecología y biología en la universidad pero la iglesia se oponía a esta clase de estudios. Así que dejé la iglesia. Hoy en día, pertenezco a la iglesia Cuáquera, que es una religión que proviene de la tradición cristiana pero es bastante abierta a otras tradiciones y a la preocupación por el medio ambiente.

Entonces, ¿aparte de la creencia religiosa ecologista como la suya, usted también encontró posiciones opuestas?

Sí. Al comienzo del movimiento ecologista, la mayoría de los cristianos consideraban la conciencia medioambiental como algo muy nuevo, demasiado secular y demasiado científico. Hoy en día, esto ha cambiado. Pero así como el movimiento ecologista ha recibido cada vez mayor acogida entre cristianos, también algunos opositores se han vuelto aún más radicales en su posición. Uno de ellos es el Instituto Acton, un grupo religioso muy conservador. Otro grupo es la Alianza Cornwall, cuyos miembros niegan cualquier responsabilidad de los seres humanos por el calentamiento del planeta. Pero, al mismo tiempo, se presentan como un grupo ambientalista!
¿Cuál es el razonamiento de estos grupos?

Su razonamiento se basa en la interpretación que le dan al libro del Génesis donde dice que el hombre tiene dominio sobre la tierra. Según su interpretación, Dios puso todos los recursos naturales en la tierra para beneficio del hombre. Por lo tanto, nosotros tenemos derecho a seguir perforando la tierra para encontrar petróleo o carbón ya que Dios se complace cuando hacemos un descubrimiento de este tipo.

Los grupos que pertenecen a una segunda gran corriente admiten que el calentamiento global está ocurriendo pero arguyen que esto es algo natural y que el acusar al hombre por ello y calificarlo como algo catastrófico es negar la omnipotencia de Dios.

Los grupos de la tercera corriente son los seguidores del Apocalipsis. Ellos creen que las guerras en el Medio Oriente y la degradación medioambiental son una señal de que las predicciones del Libro de la Revelaciones se están cumpliendo. Consideran que el calentamiento global es algo bueno porque significa que Jesús pronto vendrá. ¿Por qué tendrían que hacer algo para evitarlo?

¿Se puede, entonces, dividir a estas corrientes religiosas en aquellas que niegan el calentamiento global y en las que lo consideran algo positivo?

Por cierto, hay también una corriente más: creyentes que consideran que no tenemos que hacer nada contra el calentamiento global porque Dios se asegurará de que todo esté bien.

Yo me encontré con otra posición interesante: Hay gente que dice que la creencia en el calentamiento global es también una especie de religión en un mundo cada día más ateo. Los ambientalistas estarían haciendo aparecer a la madre tierra como una diosa vengativa, y el miedo a la contaminación substituye el temor al infierno.

Considerar el calentamiento global como una religión o como una creencia en una teoría religiosa significa que tendríamos la opción de creer o no. Esta posición es similar a lo que dicen los creacionistas: Uds. tienen una teoría de la evolución, nosotros tenemos otra. Ellos malinterpretan el uso científico del término “teoría” como si significara algo hipotético.
”Y les dijo Dios: ‘Creced y multiplicaos y poblad la tierra’". ¿Pero qué dicen las escrituras sobre la contaminación medioambiental?
Cuando McCain estuvo compitiendo contra Obama en la campaña presidencial del 2008, él era un auspiciador de una legislación para detener el cambio climático pero fue silenciado rápidamente por su partido. Exactamente lo mismo sucedió con Christie Todd Whitman, ex-gobernadora de Nueva Jersey, que fue silenciada por el gobierno de Bush cuando era directora de la Agencia de Protección Ambiental.

¿Y qué dice de otras religiones?

Toda religión con un alcance mundial – como el cristianismo, judaísmo e islamismo – tiene dentro de sí las semillas de la preocupación por el medio ambiente. Sin embargo, ninguna tiene una ética ecologista muy desarrollada, ya que se desarrollaron en una época en que la preocupación ecológica ni siquiera existía.

Al mismo tiempo, dentro del judaísmo y el islamismo hay escépticos del cambio climático que están empezando a conectarse entre ellos. Los fundamentalistas dentro de estas religiones tienen interpretaciones similares en el sentido de que los recursos naturales son para beneficio de los seres humanos y comparten el mismo escepticismo hacia la ciencia. La Alianza Cornwall por ejemplo, es un grupo interreligioso.

¿No existe en el mundo ninguna religión con un pensamiento ecologista? ¿Y qué decir de las creencias de la población nativa?
Seguro, las tradiciones de los nativos americanos tenían un sentido positivo de interconexión con el resto de la naturaleza. Pero no podemos romantizar demasiado esta posición. En pequeña escala, algunos grupos causaron una devastación ecológica al matar más búfalos de los que necesitaban porque utilizaron las nuevas técnicas traídas por lo europeos, como ser el uso las armas de fuego y los caballos. Lo que podemos aprender de todo esto es que ningún sistema religioso existe solo como idea.
Pero esto también significa que cada generación y cada cultura tiene la oportunidad de aportar sus propias ideas a las tradiciones religiosas. Las religiones son constantemente reinterpretadas. Y cada religión tiene un enorme potencial ante los desafíos ambientales actuales.






 

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