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jueves, 29 de julio de 2010

¿TIENE DERECHOS LA TIERRA?



Por Leonardo Boff *

Lo que importa no es la salvación del statu quo, sino la salvación de la vida y del sistema Tierra. Esta es la nueva centralidad, que redefinirá los rumbos de la política, afirma en esta columna el teólogo Leonardo Boff.



RÍO DE JANEIRO, 8 mar (Tierramérica).- No existe en el mundo una representación política de los intereses de la humanidad y de la Madre Tierra que tutele su protección natural y cultural.

Desde hace siglos vivimos bajo la jurisdicción de los estados nación, con sus particulares soberanías y autonomías.

Puesto que los problemas se vuelven más y más globales, esta configuración política es insuficiente para ofrecer las soluciones que se requieren.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), que sería la institución apropiada, está desmoralizada y en ella sólo cuenta el Consejo de Seguridad, controlado por las cinco potencias con derecho a veto, con Estados Unidos a la cabeza.

Tampoco se dispone de un contrato social mundial que establezca prácticas políticas globales. Faltan referencias colectivas que faciliten consensos y diriman eventuales conflictos. Esta es una de las causas del fracaso de numerosos encuentros internacionales sobre asuntos globales, como el de cambio climático, celebrado en diciembre en Copenhague, o el de comercio mundial, que se efectuó en Doha en 2001.

Vivimos un momento de la historia en el que está en juego nuestro futuro común. El encadenamiento de crisis y especialmente la cuestión ecológica puede originar una tragedia de enormes proporciones, que impone la urgente adopción de medidas.

El presupuesto para ello es una referencia común, un conjunto de valores, principios e inspiraciones que ofrezcan un fundamento ético y político a la comunidad mundial.

Lo que importa no es la salvación del statu quo, sino la salvación de la vida y del sistema Tierra. Esta es la nueva centralidad, que redefinirá los grandes rumbos de la política.

Consciente de esta urgencia, el presidente de la Asamblea General de la ONU en 2008 y 2009, Miguel D'Escoto, después de consultar a un vasto arco de personalidades y jefes de Estado resolvió formular un proyecto de Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad, y me incluyó entre sus redactores (http://servicioskoinonia.org/logos).

Semejante texto, que complementará la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, será divulgado en la Conferencia Internacional sobre el Clima prevista para abril en Cochabamba y asume los datos más seguros de la cosmología contemporánea.

Considera que la Tierra y la humanidad son parte de un vasto universo en evolución, que poseen el mismo destino y constituyen, en su complejidad, una única entidad.

La Tierra vive y se comporta como un único sistema autorregulado formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos que la hacen propicia a la producción y reproducción de la vida, y por esto es nuestra Gran Madre y nuestro hogar común.

Ella está compuesta por el conjunto de los ecosistemas, en los cuales generó una multiplicidad magnífica de formas vitales complementarias e interdependientes que integran la unidad sagrada de la vida y hacen que el ser humano, hombre y mujer, sea la misma Tierra que habla, piensa, siente, ama, cuida y venera.

Puesto que la crisis ambiental debe ser enfrentada globalmente, es preciso definir el “bien común de la Tierra y la humanidad”.

Las características del bien común son la universalidad y la gratuidad. Debe incluir a todos, personas y pueblos, y al mismo tiempo es ofrecido a todos gratuitamente porque representa lo que es esencial, vital e insustituible para la humanidad y la propia Tierra.

El primer bien es la Tierra, condición para todos los otros bienes. Pertenece al universo, a sí misma y al conjunto de ecosistemas que la componen. Los seres humanos no son sus dueños sino sus huéspedes: por ser generadora de vida posee la dignidad y el derecho de ser cuidada y protegida. La biosfera es un patrimonio que la Humanidad debe tutelar. Esto vale para todos los recursos naturales: el aire, el agua, la fauna, la flora, los microorganismos, y también para la mantención del clima. Por ello los cambios climáticos se deben enfrentar globalmente, como una responsabilidad compartida.

Forman parte del patrimonio común los bienes públicos al servicio de la vida, como los alimentos, las simientes, la electricidad, las comunicaciones, los conocimientos acumulados por los pueblos y por la investigación, las culturas, las artes, las técnicas, la música, las religiones, la salud, la educación y la seguridad. El segundo bien común es la humanidad, con sus valores intrínsecos como portadora de dignidad, conciencia, inteligencia, sensibilidad, compasión, amor y apertura hacia el Todo. La humanidad aparece como un proyecto infinito y por ello siempre inacabado.

El fecundo concepto de bien común veda, por ejemplo, que se patenten recursos genéticos fundamentales para la alimentación y la agricultura, mientras los descubrimientos técnicos patentados deben guardar siempre un destino social.

Pertenece al bien común de la humanidad y de la Madre Tierra la convicción de que una energía bienhechora subyace en todo el universo, sustenta a cada uno de los seres y puede ser invocada, acogida y venerada.

* Leonardo Boff, teólogo brasileño, miembro de la Iniciativa de la Carta de la Tierra y profesor emérito de ética de la Universidad de Río de Janeiro. Derechos exclusivos IPS.

lunes, 5 de julio de 2010

EDUARDO COLD EL PINTOR DE GLACIARES



Inventor peruano pinta de blanco glaciares para retardar deshielo
despues de tantas malas noticias, encontramos al Ing Euardo Gold de Glaciares Peru, ya trabajando con su loco proyecto, adelante Eduardo
En un rincón remoto de los Andes peruanos, hombres vestidos con mandiles azules y embadurnados de pintura realizan una singular tarea en la cima de una montaña: blanquear a base de cal la cumbre de los glaciares para retardar su deshielo producto del calentamiento global.

En un rincón remoto de los Andes peruanos, hombres vestidos con mandiles azules y embadurnados de pintura realizan una singular tarea en la cima de una montaña: blanquear a base de cal la cumbre de los glaciares para retardar su deshielo producto del calentamiento global.

La extraña escena, a 4.750 metros sobre el nivel del mar, es el primer paso de un plan experimental para evitar el deshielo de los glaciares andinos de Perú.

El peruano Eduardo Gold, el hombre detrás de la idea, no es un glaciólogo sino un inventor. Su organización, Glaciares de Perú, fue uno de los 26 ganadores en 2009 del concurso del Banco Mundial '100 ideas para Salvar al Planeta'.

Pese a no haber recibido aún los 200.000 dólares del premio para financiar el proyecto, Gold ha comenzado ya el trabajo, que consiste en pintar de blanco una superficie de 70 hectáreas en tres picos en Ayacucho, al sureste del Perú.

"Prefiero intentar una solución y fracasar que imaginarme cómo vivir sin los glaciares, como si la situación fuera irreversible", dice Gold.

El punto de partida de su proyecto es Chalon Sombrero, nombre de un glaciar en extinción que es utilizado para el riego de un valle y varios ríos. Hasta ahí llegó Gold con un equipo de cuatro pobladores de la aldea Licapa, de 900 habitantes.

Los trabajadores usan jarras en lugar de pinceles para salpicar la cal sobre rocas sueltas alrededor de la cumbre. Hasta ahora han pintado unas dos hectáreas de las 70 totales.

"Una superficie blanca refleja los rayos del sol en vez de absorberlos, y al hacerlo se enfría el área alrededor de ella también. El efecto crea un microclima, así que podemos decir que el frío genera más frío al igual que el calor genera más calor", dice Gold al explicar el proyecto.

La pintura que se utiliza es a base de cal y sin componentes químicos para hacerla totalmente ecológica sobre la roca oscura, que sí absorbe el calor.

A sus 65 años, el lugareño Pablo Parco Palomino, ha visto como el Chalon Sombrero ha pasado de ser un glaciar cubierto de nieve a devenir en una cumbre de roca desnuda, aunque ahora cree en su renacimiento.

"Podríamos tener tanta agua como antes de la desaparición del glaciar, y con ello más forraje para las alpacas", que proveen la lana y es su forma de supervivencia a estas alturas donde no crecen cultivos.

El cambio climático ha hecho la vida mucho más difícil en Licapa, admite Palomino, temeroso ante la posibilidad de que la población se tenga que trasladar por ese motivo.

La idea de pintar de blanco genera reacciones prudentes cuando no escépticas.

El ministro peruano de Medio Ambiente, Antonio Brack, es un crítico del proyecto y cree que el premio del Banco Mundial sería mejor usado en otros "proyectos con mayor impacto en mitigar el cambio climático".

"Pintar de blanco los Andes es una tontería", ha dicho Brack.

Pero para Thomas Condom, un glaciólogo e hidrólogo del Instituto Francés de Investigación y Desarrollo de Lima, que ha seguido de cerca los glaciares en los Andes durante los últimos 15 años, la iniciativa podría tener impacto a pequeña escala.

"Efectivamente a escala local podría ser posible influir y retardar un poco la caída, ganar un décimo o quizá uno o dos grados centígrados", indica Condom.

"Sin embargo el efecto será local, porque sería muy difícil de aplicar a escala regional", agregó el científico.

El secretario estadounidense de Energía, Steven Chu, ha respaldado el uso de techos blancos en Estados Unidos para ayudar a combatir el cambio climático, a la usanza de los países más calurosos y desérticos, donde ese principio se aplica desde hace varios siglos.

Perú acoge a más del 70% de los glaciares tropicales del mundo, pero el calentamiento global ya ha derretido el 22% de ellos en los últimos 30 años, según un informe del Banco Mundial de 2009.